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Estos poemas
pertenecen a mi plaquette "Rupias a Moscú", publicada
por Indigo Ediciones en agosto
de 1996.
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Intento
conciliar el torbellino
con la calma
digo
en primera persona y
pienso
en otra
la caricia del aire
hace un dibujo
en mi espalda
indescifrable
estoy
marcada.
Los pies de mi madre
fueron alguna vez mi
punto de apoyo
mi espejo.
Viajar a las lejanas
tierras del deber
sobre ellos
no pudo ser mi lema.
Pero amé sus pies.
Marcados por el recorrido
de pasillos de hospital.
Huesudos y venosos.
Pedestales esculpidos
por la que los llevaba puestos.
Mirar sus pies
y experimentar la piedad
eran una sola cosa.
Comimos gracias a ellos
nos vestimos gracias a ellos
y sufrimos con ellos.
Yo conocí el cielo
cuando conocí los pies de mi madre.
Y sentí el dolor que ellos sentían.
Y lo único que deseaba
era tomarlos entre mis manos
para darles el alivio.

Quisiera recordarme hija
que despierta suavemente
entre las telas de algodón,
ese gemido ausente
al tercer día del alumbramiento,
tal vez un bostezo.
Tu figura se recorta sobre
un fondo rojo de luz difusa,
pero ahí no estás
y aquí tampoco.
Apenas es tu imagen
en las calles de
esta ciudad,
tu mirada en el punto
más lejano de la mía.
Quién te viera
padre
acunando a tu
hija
en tu vida,
no en la mía.
Tengo los pies fríos
de escucharte
agazapada
entre las sábanas
esperando el convite
de los dioses.
No será para mí el consuelo
de encontrar la cálida
suavidad de tu cuerpo.
Mi frialdad se contempla
ante el espejo
llama la atención
ese borde dorado
sobre los hombros.
Atrapada en el cambio
quiero ser mi insistencia,
una fruta que madure
el arte de aplacar tu dolor,
la voz que te diga amada
desde algún punto del espacio.
No pedí que me dijeran el día
de mi muerte
ni tampoco que me digan
si de suerte
va la cosa.
Sospecho que alguien
te hará daño
y lo digo.
Por la orilla del río
hablaré con la memoria.
Rupias a Moscú
Señor, Gran Paraná,
devuélveme mis sueños.
Te pagaría con mi salario de lágrimas,
con agua salada te pagaría,
si lo pudieras aceptar.
Pero sólo tengo rupias.
Elegí el aire del mundo
para respirar
y revolví entre hojas secas
para encontrar mi destino.
Los vientos que se encuentran
en la ciudad,
puerto de las angustias,
me golpearon en la cara.
Insisten las grullas desde lejos
pasaron
pasarán y sólo te recordaré,
Gran Anzuelo de Lodo,
moviendo en el fondo tu cuerpo
acompasado por la luna.
Quietecita la isla me mira
cuerpo inmóvil
estatua de la distancia permanente.
A mis pies la barranca
entumecida
cansada coraza
corazón roído por tu bruta insistencia.
Paraísos en octubre
desplieguen el perfume
de sus florcitas.
Calandria cántame
tu augurio de libertad.
Una madre sollozaría
a la sombra del fresno su sueño
despezado sobre el macadán
antes de hundirse en tu vientre,
Señor
gran padre de las Pobres Almas,
sobrevive mi instinto
en el húmedo aire del este.
Escribe mi mano
el idioma que colonizó
a tus adoradores guaraníes.
Más acá de la historia futura
la locura tiene rupias.
Nieva sobre Moscú.
©1996-2004 Irene Ocampo.
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Poemas incluidos en la antología "Felicidades también
(18 poetas)" editada en octubre de 2005.
Esta antología fue editada en forma autogestiva por los y las
poetas, provenientes de distintas provincias, quienes fuimos reunidos
por Diana Bellessi en el Taller que dictó en Casa de la Poesía
de Buenos Aires en 2004. Leer los poemas>>

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